Este vasto comedor está dominado por una larga mesa de alerce rojo en el centro, flanqueada por sillas volcadas y pesados candelabros de hierro colgantes. Lujosos tapices adornan las paredes de piedra, y un gran retrato familiar observa impasible desde encima de la chimenea encendida. La opulencia de la sala contrasta fuertemente con la macabra escena en el suelo, donde una docena de cadáveres de guardias y mercenarios yacen esparcidos en charcos de sangre. Tácticamente, la enorme mesa central proporciona una cobertura pesada y dicta el flujo de movimiento, obligando a los combatientes a rodearla o saltarla. Las puertas dobles de entrada actúan como cuellos de botella naturales, mientras que la chimenea ofrece excelentes oportunidades de iluminación dinámica para VTT. Los cuerpos esparcidos pueden actuar como terreno difícil, complicando el avance de cualquier grupo que investigue las secuelas.



