Este extenso complejo médico de la década de 1920 presenta un fuerte contraste entre sus áreas de espera públicas abarrotadas y mal iluminadas, y el escalofriante silencio estéril de sus quirófanos blancos. Situado precariamente al borde de la selva indómita, la instalación cuenta con múltiples puntos de entrada, incluida una recepción principal caótica y una discreta puerta de servicio trasera que conduce directamente a la morgue y a las alas de cirugía. Tácticamente, los investigadores pueden usar biombos médicos, pesados escritorios administrativos de madera y camas de hierro fundido para cubrirse durante un tiroteo inesperado. Los pasillos estrechos y sinuosos crean cuellos de botella peligrosos, mientras que la luz eléctrica parpadeante en las salas públicas ofrece distintas ventajas de sigilo en comparación con las cegadoras lámparas quirúrgicas de los quirófanos.



