Este inquietante lugar de reunión se centra en un enorme círculo de protección formado por trece incensarios rojos, cada uno grabado con antiguos jeroglíficos. Ubicado en un claro aislado o en un santuario urbano oculto, el escenario está iluminado por el resplandor antinatural de una lluvia de meteoritos que atraviesa el pesado cielo nocturno, proyectando sombras alargadas y perturbadoras por todo el terreno. Tácticamente, el área ofrece un espacio abierto aterrador donde los investigadores quedan expuestos a cualquier entidad que pueda ser invocada desde el círculo. Los incensarios pueden actuar como obstáculos menores o elementos interactivos para interrumpir el ritual, mientras que la densa oscuridad circundante proporciona ocultación natural para los cultistas u horrores cósmicos que esperan para emboscar.



